Mi tema de investigación es la enseñanza de la lengua
materna en contextos exolíngues. Para la tesis doctoral me gustaría plantear un
programa de enseñanza que contemple no solo la dimensión lingüística, sino más
bién, la cultural, pues no veo la lengua disociada da cultura.
Durante toda la asignatura, hemos escuchado y leído algo
sobre evaluación de programas. Mi interés en esta última entrada, no es hablar
de la evaluación de mi programa, puesto que todavía ni lo diseñe, sin embargo,
yo vi muy pertinente la idea de Juste (2000, p.266), sobre el desarrollo de una
cultura evaluativa, que desmistifica el hecho de la evaluación como algo
negativo y supone la existencia de una aptitud y de actitud positiva, a lo que
se unirá el conocimiento, la información relevante paa la mejora que ofrece la
evaluación.
Actuando por este prisma, sería muy importante que a
parte de sabermos elaborar un programa, también estuviéramos dispuestos a
evaluarlo para mejorar la calidad educativa. Es verdad que cuando hablamos de
evaluación de programas, el término se remete a la evaluación externa, por
expertos. No obstante, a traves de algunas orientaciones de investigadores
implicados con el tema de evaluación educativa, se puede por lo menos, tener
una ideia de lo que es necesario para cumplir, como por ejemplo, lo que nos
propone Jornet y Suárez (2000), es que sea contemplado los seguientes aspectos
en la evaluación de programas: Infraestructuras, materiales de formación,
organización, contenidos y niveles del programa, profesorado, personal de apoyo
y satisfacción del alumno en cuanto al desarrollo del programa el logro de objetivos.
No se trata de ignorar los juicios de los expertos, sino
de tomar consciencia sobre la importancia de nos involucrarnos en todo el
proceso, incluso de trabajar en conjunto para un objetivo común. Me quedo con
las palabras de Juste (2006) cuando advierte que es preciso tomar conciencia de
que, en ocasiones, los profesionales de la educación abordamos ámbitos más o
menos relacionados con el nuestro como consecuencia, tal vez en simultáneo pero
a veces como fenómenos independientes, de, por un lado, nuestra falta de
capacidad —o de interés— para desarrollar lo que debe ser nuestro campo de
atención preferente. Si queremos protagonismo tenemos que asumir este papel con
todas sus consecuencias. Conocer y aprender a evaluar programas que nos son
aplicados, también es una manera de reflexionar
y proponer cambios a nuestra realidad.
Jornet, Jesús Mª y Suárez, Jesús Modesto. “Diseño y evaluación de programas de teleformación” [en línea] En: Actas del Congreso Online Educa Madrid 2000. Madrid: Centro Virtual Cervantes, 2000.
Juste, P. (2000): Evaluación
de programas educativos. Revista de
Investigación Educativa. Vol 18, Núm 2 261-287

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