Toda práctica exige de un lado, su programación, del otro su evaluación. La práctica tiene que ser pensada constantemente. La planificación de la práctica tiene que se permanentemente rehecha y es rehecha en la medida en que permanentemente es evaluada.
Paulo Freire

viernes, 15 de marzo de 2013

Programas lingüísticos. ¿Por qué y para qué evaluar?







Mi tema de investigación es la enseñanza de la lengua materna en contextos exolíngues. Para la tesis doctoral me gustaría plantear un programa de enseñanza que contemple no solo la dimensión lingüística, sino más bién, la cultural, pues no veo la lengua disociada da cultura.
Durante toda la asignatura, hemos escuchado y leído algo sobre evaluación de programas. Mi interés en esta última entrada, no es hablar de la evaluación de mi programa, puesto que todavía ni lo diseñe, sin embargo, yo vi muy pertinente la idea de Juste (2000, p.266), sobre el desarrollo de una cultura evaluativa, que desmistifica el hecho de la evaluación como algo negativo y supone la existencia de una aptitud y de actitud positiva, a lo que se unirá el conocimiento, la información relevante paa la mejora que ofrece la evaluación.
Actuando por este prisma, sería muy importante que a parte de sabermos elaborar un programa, también estuviéramos dispuestos a evaluarlo para mejorar la calidad educativa. Es verdad que cuando hablamos de evaluación de programas, el término se remete a la evaluación externa, por expertos. No obstante, a traves de algunas orientaciones de investigadores implicados con el tema de evaluación educativa, se puede por lo menos, tener una ideia de lo que es necesario para cumplir, como por ejemplo, lo que nos propone Jornet y Suárez (2000), es que sea contemplado los seguientes aspectos en la evaluación de programas: Infraestructuras, materiales de formación, organización, contenidos y niveles del programa, profesorado, personal de apoyo y satisfacción del alumno en cuanto al desarrollo del programa  el logro de objetivos.        
No se trata de ignorar los juicios de los expertos, sino de tomar consciencia sobre la importancia de nos involucrarnos en todo el proceso, incluso de trabajar en conjunto para un objetivo común. Me quedo con las palabras de Juste (2006) cuando advierte que es preciso tomar conciencia de que, en ocasiones, los profesionales de la educación abordamos ámbitos más o menos relacionados con el nuestro como consecuencia, tal vez en simultáneo pero a veces como fenómenos independientes, de, por un lado, nuestra falta de capacidad —o de interés— para desarrollar lo que debe ser nuestro campo de atención preferente. Si queremos protagonismo tenemos que asumir este papel con todas sus consecuencias. Conocer y aprender a evaluar programas que nos son aplicados, también es una manera de reflexionar  y proponer cambios a nuestra realidad.

       Jornet, Jesús Mª y Suárez, Jesús Modesto. “Diseño y evaluación de programas de teleformación” [en línea] En: Actas del Congreso Online Educa Madrid 2000. Madrid: Centro Virtual Cervantes, 2000.        
      Juste, P. (2000): Evaluación de programas educativos. Revista de Investigación Educativa.     Vol 18, Núm 2 261-287

       

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