El artículo plantea algunos aspectos importantes de la evaluación bajo una perspectiva constructivista. Además, menciona la ética como la reflexión racional sobre lo que se concibe como bueno y las paradojas entre cómo se debería evaluar y cómo se evalúa en realidad.
La evaluación constructivista implica cambiar el concepto de evaluación.
Las palabras clave en este modelo son el diálogo y la meta cognición, en un movimiento constante que permite el alumno pensar y repensar sobre su aprendizaje, sus dificultades, en una evaluación que promueva su crecimiento y no calificaciones restrictivas. El punto ético de esta evaluación está relacionado con la consciencia del profesor de las consecuencias de una evaluación no responsable, no formativa, a la vez que sus resultados pueden implicar en evasión escolar, desmotivación y bloqueo emocional en el proceso de aprendizaje.
Por otro lado, está claro que el profesor no puede evaluar sólo, está sometido al sistema educativo, que aunque sostenga en sus documentos la importancia de evaluar el proceso y no solo el producto del aprendizaje del alumno, exige al final, datos exclusivamente sumativos, despreciando cualquier información evaluativa que no sea de carácter cuantitativo. Como nos afirma Santos Guerra (1999, p.371): Más importante que aprender, es aprobar. La sociedad, la familia, la institución y los propios alumnos se meten en esta endiablada y absorbente filosofía. Romper con este paradigma es esencial para que se pueda evolucionar en los procesos evaluativos.
Sin embargo, evaluación implica poder, ideología. Toma partido de acuerdo con los valores que escoge. En una perspectiva constructivista, el diálogo fomenta la democracia. Santos Guerra (1993, p.27) amplia diciendo que: Ni la verdad ni la valoración correcta están en posesión de personas o grupos privilegiados. Incluso el sistema educativo. Eso nos hace pensar: ¿Es interesante que el alumno tenga poder sobre su aprendizaje y por ende, su evaluación? ¿O será más cómodo tener jóvenes que están acostumbrados a recibir un feedback del profesor, sin contestarlo? Hay que pensar en que sociedad queremos para después elegir qué tipo de educación, más aún, que tipo de evaluación aplicamos a nuestros niños y jóvenes y qué consecuencias éticas, emocionales y económicas tienen las distintas perspectivas de evaluación.
Las palabras clave en este modelo son el diálogo y la meta cognición, en un movimiento constante que permite el alumno pensar y repensar sobre su aprendizaje, sus dificultades, en una evaluación que promueva su crecimiento y no calificaciones restrictivas. El punto ético de esta evaluación está relacionado con la consciencia del profesor de las consecuencias de una evaluación no responsable, no formativa, a la vez que sus resultados pueden implicar en evasión escolar, desmotivación y bloqueo emocional en el proceso de aprendizaje.
Por otro lado, está claro que el profesor no puede evaluar sólo, está sometido al sistema educativo, que aunque sostenga en sus documentos la importancia de evaluar el proceso y no solo el producto del aprendizaje del alumno, exige al final, datos exclusivamente sumativos, despreciando cualquier información evaluativa que no sea de carácter cuantitativo. Como nos afirma Santos Guerra (1999, p.371): Más importante que aprender, es aprobar. La sociedad, la familia, la institución y los propios alumnos se meten en esta endiablada y absorbente filosofía. Romper con este paradigma es esencial para que se pueda evolucionar en los procesos evaluativos.
Sin embargo, evaluación implica poder, ideología. Toma partido de acuerdo con los valores que escoge. En una perspectiva constructivista, el diálogo fomenta la democracia. Santos Guerra (1993, p.27) amplia diciendo que: Ni la verdad ni la valoración correcta están en posesión de personas o grupos privilegiados. Incluso el sistema educativo. Eso nos hace pensar: ¿Es interesante que el alumno tenga poder sobre su aprendizaje y por ende, su evaluación? ¿O será más cómodo tener jóvenes que están acostumbrados a recibir un feedback del profesor, sin contestarlo? Hay que pensar en que sociedad queremos para después elegir qué tipo de educación, más aún, que tipo de evaluación aplicamos a nuestros niños y jóvenes y qué consecuencias éticas, emocionales y económicas tienen las distintas perspectivas de evaluación.
REFERENCIAS:
Santos Guerra (1993). La evaluación: un proceso de diálogo, comprensión y mejora. Investigación en la Escuela. nº 20. pp.23-35 Recuperado en 04 de febrero de http://dialnet.unirioja.es/servlet/listaarticulostipo_busqueda=EJEMPLAR&revista_busqueda=734&clave_busqueda=11303
Santos Guerra (1999). 20 paradojas de la evaluación del alumnado en la Universidad Española. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 2 (1), pp.369-399, 1999. Recuperado en 04 de febrero, 2013, de
http://didac.unizar.es/jlbernal/ensenar_en_la_Universidad/pdf/13_Paradeval.pdf

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